PIBA

Programa de Intervención Breve para Adolescentes que Inician el Consumo Abusivo de Alcohol y otras Drogas

Antecedentes

En la literatura especializada sobre el consumo de sustancias adictivas, se ha observado que la mayoría de los consumidores tienen su primer contacto con algún tipo de sustancia alrededor de los 16 años. Sin embargo, esta edad ha ido disminuyendo gradualmente, y en la actualidad, el inicio del consumo puede ocurrir a edades tan tempranas como los 12 o 13 años. Esto hace que el uso y abuso de alcohol y drogas entre la población joven sea uno de los principales problemas de salud pública (Medina-Mora, 1993; ENA, 2002).

Según datos de la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA, 2008) en nuestro país, más del 50% de la población consumidora de drogas comenzó antes de los 17 años. Aquellos que empezaron a consumir a estas edades, lo hicieron principalmente con alcohol o tabaco, lo que aumenta la probabilidad de que consuman drogas ilegales en el futuro. Este hallazgo coincide con teorías sobre la adolescencia que sugieren que en esta etapa pueden surgir y desarrollarse conductas antisociales, incluido el consumo de sustancias adictivas (Farell, Danish & Howard, 1992; Kazdin, 1988).

Ante esta problemática, en nuestro país se han llevado a cabo estudios que identifican estrategias para aumentar la disposición de los adolescentes hacia el cambio de un consumo problemático de sustancias (Salazar, Martínez y Barrientos, 2009), resultados que se alinean con investigaciones realizadas en otros lugares (Babor & Grant, 1992; Marlatt, 1999).

En las últimas dos décadas, se han desarrollado y evaluado diversas alternativas de intervención breve para personas que consumen drogas de manera abusiva o con bajo nivel de dependencia. Estas intervenciones han demostrado resultados prometedores y actualmente constituyen la base de las acciones de prevención indicada para esta problemática (Echeverría, Carrascoza & Reidl, 2007; Martínez, Salazar, Pedroza, Ruiz & Ayala, 2008; Martínez, Pedroza, Salazar & Vacio, 2008).

Las intervenciones breves se basan en la motivación del usuario, lo que implica aumentar su disposición al cambio y su compromiso para modificar su conducta. Sus principales objetivos son: a) lograr la abstinencia o moderación del consumo de sustancias (aunque siempre se recomienda la abstinencia en el caso de las drogas); b) reducir los problemas y riesgos asociados con el consumo, mediante el uso de estrategias de autocontrol; y c) mantener el cambio en el consumo a largo plazo entre los adolescentes que participan en el programa.

¿Cómo se lleva a cabo este Programa?

El Programa Integral de Bienestar Adolescente (PIBA) está especialmente concebido para su implementación en escuelas de nivel medio y medio superior. Sin embargo, su aplicación también puede extenderse a instituciones de salud enfocadas en la prevención y atención de adicciones. Este programa abarca cinco etapas fundamentales para su ejecución:

ETAPA 1: DETECCIÓN DE CASOS.

En esta etapa, cuando el programa se implementa en una institución educativa, se recomienda establecer contacto con los directivos de la institución para explicarles el enfoque y el funcionamiento del Programa para Adolescentes. Luego, se procede a administrar el Cuestionario de Tamizaje de los Problemas en Adolescentes (POSIT) (Mariño, González-Forteza, Andrade & Medina-Mora, 1997) en formato grupal. Sin embargo, si un adolescente busca ayuda en una institución de salud por su cuenta, esta fase se omite y el POSIT se aplica como parte de la evaluación inicial.

ETAPA 2: EVALUACIÓN.

Durante esta fase, se lleva a cabo una evaluación exhaustiva para determinar si el adolescente cumple con los criterios establecidos del Programa. Es esencial tener en cuenta que el PIBA no está diseñado para todos los adolescentes, por lo que es crucial identificar los criterios de inclusión y exclusión.

El Programa de Intervención Breve para adolescentes está dirigido específicamente a jóvenes de entre 14 y 18 años de edad, que están experimentando un inicio de consumo abusivo de alguna droga (ya sea alcohol, cocaína, marihuana e inhalables) y que reportan problemas asociados con su consumo, como peleas, resacas, accidentes, entre otros. Es importante destacar que estos adolescentes no presentan dependencia hacia la droga. Durante esta etapa, se evaluará cuidadosamente si el adolescente en cuestión cumple con estos criterios para determinar su elegibilidad para participar en el programa.

ETAPA 3: INDUCCIÓN AL TRATAMIENTO.

Durante esta fase, se lleva a cabo una sesión diseñada para fomentar la disposición de los adolescentes a realizar un cambio y participar en el Programa de Intervención Breve para Adolescentes. Se emplean estrategias de entrevista motivacional, basadas en estudios como los de Miller & Rollnick (2002) y Salazar, Martínez & Barrientos (2009), con el fin de generar un ambiente propicio para la reflexión y la aceptación del tratamiento.

ETAPA 4: TRATAMIENTO.

Consiste en cinco sesiones individuales con el adolescente, cada una con una duración de 45 a 60 minutos, programadas semanalmente. Cada sesión sigue un formato específico adaptado a los objetivos establecidos previamente, y se utilizan materiales diseñados especialmente para cada una de ellas.

ETAPA 5: SEGUIMIENTO.

Se sugiere evaluar el cambio en el patrón de consumo y su sostenibilidad seis meses después de finalizado el tratamiento. El terapeuta puede personalizar los seguimientos según los resultados obtenidos durante el tratamiento.

Descripción y forma de calificación de
instrumentos psicométricos

Cuestionario de Tamizaje de los Problemas en Adolescentes

POSIT

Es un cuestionario diseñado para identificar problemas relacionados con el uso de alcohol y drogas en adolescentes. Contiene 81 preguntas distribuidas en 7 áreas de funcionamiento, pero para este programa solo se emplea el área de uso/abuso de sustancias, con 17 preguntas de respuesta dicotómica (sí/no). Presenta una alta confiabilidad en la población mexicana (alfa de 0.9057). Puede administrarse de manera individual o grupal, siendo esta última útil para detectar problemas en grupos grandes, como en escuelas. La calificación se basa en respuestas afirmativas a ciertas preguntas clave, identificando así a los adolescentes que requieren atención.

Línea base Restrospectiva

LIBARE

Es una herramienta que permite entender el patrón de consumo reciente del individuo, centrándose en la frecuencia y cantidad de consumo durante los últimos seis meses. Se trata de un calendario de ese periodo que identifica el consumo de alcohol y drogas, considerando los días de consumo y la cantidad consumida en un día típico. La LIBARE ha demostrado ser altamente confiable y válida en diversas poblaciones. Se recomienda que sea administrada por el terapeuta, ya que no es autoaplicable. A partir de la información obtenida, se calculan diversos aspectos del consumo, como el total de copas consumidas, la cantidad máxima y mínima, el promedio por ocasión y los días de abstinencia. Para el consumo de drogas, se pregunta al usuario sobre la cantidad consumida en términos específicos (monas para inhalables, líneas o piedras para cocaína, cigarros para marihuana). Esta información se utiliza para evaluar el patrón de consumo y proporcionar retroalimentación al individuo.

Indicadores de

Dependencia DSM IV

El cuestionario tiene como objetivo determinar si el adolescente presenta síntomas de dependencia a sustancias según los criterios del DSM IV, aunque no constituye un instrumento diagnóstico. Constelado por siete preguntas, indaga sobre situaciones o consecuencias relacionadas con el consumo de alcohol u otras drogas en los últimos 12 meses. Los síntomas se basan en la definición de dependencia del DSM IV, que incluye aspectos como tolerancia, abstinencia física, consumo excesivo, esfuerzos infructuosos por controlar el consumo, dedicación creciente de tiempo a la sustancia y continuación del consumo a pesar del daño. Se recomienda que el cuestionario sea administrado por el terapeuta y no por el propio individuo. Si el adolescente responde afirmativamente a tres preguntas, se considera que cumple con los criterios básicos de adicción. Aunque no es un instrumento diagnóstico, puede orientar al terapeuta en la selección del tratamiento más adecuado para el adolescente.

Versión breve

Cuestionario de Confianza Situacional

El cuestionario tiene como objetivo medir la autoeficacia del usuario en cuanto a su capacidad para manejar efectivamente sus principales situaciones de consumo. Compuesto por ocho preguntas, solicita al sujeto que evalúe su nivel de seguridad (en una escala del 0% al 100%) para controlar su consumo en diferentes situaciones. Estas situaciones se basan en la investigación de Marlatt y colaboradores, quienes identificaron categorías como emociones desagradables, presión social y necesidad física de consumir. La adaptación del cuestionario para la población mexicana fue realizada por Echeverría y Ayala, con una alta consistencia interna obtenida en su aplicación a adolescentes. Se recomienda que el cuestionario sea administrado por el terapeuta, y no por el propio individuo. Los resultados del cuestionario expresan el nivel de seguridad percibido por el usuario en cada situación, con un 0% indicando inseguridad total y un 100% indicando seguridad completa en el control del consumo.

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